“Pocas veces, en la clase, salta alguna emoción, entre los alumnos, como la de contar que se ausentaron de la escuela para acompañar en su dolor a una compañera cuyo padre ha fallecido por covid-19. Entre los alumnos, por lo general, predomina el silencio. Antes esta emoción era contenida por el afecto incondicional del docente. Hoy, un abrazo se ha vuelto peligroso”, reconoce con tristeza el profesor de historia Pedro Verasaluse. Los docentes hoy sufren a la par de sus alumnos la impotencia de no poder ayudarlos frente a los golpes que plantea la pandemia. “Muchos chicos procesan de manera traumática su incierta y dolorosa realidad”, agrega.
A pesar de su desánimo, Verasaluse encuentra una respuesta para darles a sus alumnos en los proyectos pedagógicos solidarios que todavía mantiene, desde hace 12 años, a pesar de la pandemia. Aunque son espaciados y en pequeños grupos y con protocolo, todavía logra llevar a algunos de sus alumnos del Instituto JIM a que compartan, a la distancia, con los chicos de la Escuela 229 de Puma Pozo.
Cecilia Ruiz, docente diplomada en “Educación emocional en el aprendizaje” afirma que hoy más que nunca se hace necesaria la educación emocional en las escuelas, para dotar de herramientas a los docentes en estos tiempos críticos. Cuenta que a través del legislador José María Canelada participó en la elaboración de un proyecto de ley de educación emocional para Tucumán. “Esta normativa ya está en vigencia en Corrientes y Misiones. La idea es que se haga a nivel provincial, que los docentes sean capacitados para que puedan aplicar las habilidades socioemocionales en el aula. Esta propuesta no sólo beneficia la salud mental de los docentes sino que tiene impacto en la vida de todos los niños”, dice la experta.
“La educación emocional es el proceso de enseñanza de las habilidades emocionales. Es una estrategia, no una terapia. Se puede aplicar en la escuela como contenido transversal en las diferentes materias, o en un espacio como un taller. El objetivo es lograr el desarrollo de habilidades necesarias para la vida aplicables al ámbito personal, académico o profesional. Uno de los tantos aspectos que se trabajan en una clase es la conciencia emocional, es decir, aprender a comprender e identificar lo que sentimos”, explica.
“Con una ley de educación emocional se podría ayudar a mejorar las relaciones interpersonales, la autoestima, a lidiar con los errores, la frustración, la empatía. Sería importante enseñar todo esto desde la niñez, porque le servirá para su vida adulta”, afirma Ruiz.
“La pandemia golpea muy duro a los chicos, en especial a los que sufren problemas para sociabilizar. A ellos el encierro les hizo mucho daño”, advierte el profesor de la escuela media de Mancopa. Héctor Miguel Lapetina. Y reconoce que la educación de las emociones sería de una gran herramienta para estos tiempos.